domingo, 8 de diciembre de 2019

Respiro nocturno

No han cambiado las noches en los últimos años. Tal vez nada. El cuerpo sigue esperando el último espasmo antes de la calma, mas el ruido avasalla y cubre todos los rincones. La calma nunca llega. La espera continúa, como una avispa que se acerca para ser provocada. Descubro que no hay literatura después del silencio y la ausencia, sino a partir de la misma que sirve como emancipadora de lo olvidado en las más profundas arcas de la memoria y el dolor. Los libros son los compañeros que se sientan en la sesión diaria del grupo de apoyo emocional. Olvidarlos es desatender a la empatía, porque en los últimos años, durante las noches sobretodo, escribir es escuchar a los otros para atreverse tímidamente a dar un paso: su nombre por favor, su condición y por qué decidió venir aquí.
TODOS: Gracias, Adrián.

martes, 12 de noviembre de 2019

Mar del Norte (Fragmento)


Los recién enamorados son quienes más derecho tienen a sonreir, porque no deben su felicidad a nadie. Un multimillonario, por ejemplo, no tiene derecho a sonreir, porque la ganancia que acaba de obtener es consecuencia de explotar a alguien. En cambio los enamorados solamente tuvieron que escalarse mutuamente, aunque sabían desde el primer momento que estarían juntos. Entendí que eso que sintió Teresa al ver a Solín por primera vez, no lo había sentido conmigo. El riel de sus emociones a veces se desviaba. Me había besado como una acotación y no como parte del curso principal de su historia. Me había tomado la mano como acarician con su lengua las gatas madre a sus gatitos y no para provocar nada en mí. 


lunes, 10 de junio de 2019

El amor, dos veces

La primera vez, el amor tiene cara de cachorro. Ronronea todo el tiempo. Duerme todo el tiempo. No afila uñas. Cabe en el cuello, en la bolsa. Viene a la escuela, al trabajo. No sabe manejar. Está ahí para dormir, amanecer, desayunar, comer, zarandearse y acurrucarse. Salvo en nosotros, porque la primera vez era todo lo contrario. Tenía cara de gárgola escondida tras una luz roja, de Nosferatu alargando su sombra, de vampiro siendo entrevistado. Tenía cara de pasillo rojo. Arañaba todo el tiempo y nos lamía las heridas. Y nos gustaba tanto que las limpiábamos con alcohol. O con tachas. O con suero los domingos. No conocíamos el té o los paseos sabatinos con correas de perros. No sabíamos que el amor vendría después con cara de accidentes, de ansiolíticos, de multas y tarjetones, de tarjetas de crédito y seguros médicos, de costillas rotas y problemas estomacales, de ¡corte! ¡se queda! y pasajeros con destino a. Nadie nos preparó para el amor dos veces, amor. Habrá que ver si llegamos vivos al tercero.

sábado, 4 de mayo de 2019

La ideología detrás del compañerismo

Un optimista es un imbécil. Quien aplaude la sentencia, se apropia de la ideología, como un cristiano lo hace cuando otro menciona a Jesús en una sentencia. Como saludar con namasté. Defender el neoliberalismo o levantar la mano en señal nazi. Realmente no importa de dónde viene la aseveración. Al hacerla, se levanta la mano y se quedan otras abajo. Quienes levantan la mano están de acuerdo y, tribalmente, se convierten en amigos de inmediato. Porque es más importante seguir creyendo y mantenerlo hasta la muerte, que deponer el orgullo y decir: estaba equivocado. Al final, todos estamos equivocados, porque no hay verdades absolutas. Y creemos que son. ¿Qué sentido tendría, no creerlo? Dios no existe pero sí existe. Los optimistas son imbécilos pero son muy inteligentes. Los negros no deberían tener derechos pero sí los tienen. No debería existir la equidad de género pero sí debe existir. No hay derechos universales pero sí los hay. Y así. Sin embargo, hacernos viejos nos hace embudos. Ya no queremos escuchar diversas opiniones, porque estamos convencidos de nuestra ideología. De Jesucristo o de la imbecilidad de los optimistas. Y creemos que quienes piensan como nosotros refrendan esa ideología. Y entonces, creemos que estamos en lo correcto. Y entonces nos hacemos más viejos. Más nihilistas, más cristianos, más neoliberalistas, más racistas, más progresistas. Finalmente, más viejos.


jueves, 28 de marzo de 2019

¿Cómo recuperar el tiempo perdido?

Con la memoria, diría Proust. Pero qué memoria sería suficiente para volver a vivir esos segundos que solo Funes, en la historia de la humanidad, tuvo el gozo de vivir. O el gozo de volver a sufrir. Estaríamos volviendo a sentarnos en esa silla acolchonado que tanto le gustaba al abuelo. O volveríamos a oler las habas cociéndose y provocando, una vez más, las náuseas infantiles. La memoria seguiría desenvolviéndose, como un lento recorrido a lo largo del museo. ¿Volver a vivirlos o tal vez, simplemente, volver a sentarse frente a ese cuadro en donde estamos posando la familia feliz, un domingo por la tarde, frente al lago más emblemático de la historia de este país? Qué memoria sería suficiente para volver a urdir esos pensamientos que antecedieron a las frases más contundentes de nuestra vida. Sin un diario, sin un confidente que a su vez tuviera buena memoria, tendríamos que resignarnos a repasar esa hilación de palabras en burdos trazos que no harían ni la más mínima justicia de esos bellos pensamientos. Y qué memoria, finalmente, sería suficiente para guardar los olores de esa tarde veraniega, que olía a piel desnuda y helado de vainilla, a atardecer y señuelos del futuro que anunciaban el inevitable momento en el futuro en que sienta la necesidad de volver a recuperar este momento.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Instrucciones para Diciembre



Instrucciones para Diciembre

Salir a dar la mano
guardarse la mano para otro saludo
recorrer el calendario como quien repasa la infancia

Volver a contar los días
los kilos
los libros encimados
los libros encendidos
guardar una estrella de Belén en el bolsillo

Contar paso por paso
contar los parientes que nos quedan
hacer figuras con la cera porque la nieve es lejana

Pedir perdón
pedir una pizza
pedir una ambulancia




martes, 26 de junio de 2018

John Oliver y el AMLO que no podría ser Donald Trump (pero que los detractores quieren ver)



A menudo buscamos noticias que no hayan sido originadas en nuestro propio contexto, buscando una validación de lo que pensamos. Si nos dicen que en México ganamos un premio, tal vez no lo aprobemos tanto. Es decir, en el cine -que es a lo que yo me dedico- si decimos que un director o una película ganó un Ariel, no tendrá gran validación o repercusión entre el público o la gente. En cambio, si Guillermo del Toro gana un Oscar, hasta La minerva de Guadalajara recibe a fans para celebrar. Sería materia de todo un ensayo aparte saber por qué preferimos las celebraciones ajenas a las propias, a diferencia por ejemplo de los gringos, a quienes poco les importa el extranjero.

Por otro lado, el actual orden informativo y la manera en que consumimos noticias y notas nos ha llevado a minimizar al máximo la cantidad de información con la que procesamos un evento, una opinión o un acto. Recuerdo que uno de los mayores papelones que le recordaron a Vicente Fox, presidente de México entre el 2000 y 20006, fue que "resolvería el problema de Chiapas en 15 minutos". Debo aclarar que yo para nada defendería a Vicente Fox, incluso lo aborrezco. Pero eso no fue lo que dijo. Lo que realmente dijo, es que él en 15 minutos se podía tomar la decisión de remover el ejército de Chiapas. Insisto que esto no debe verse como una defensa a Vicente Fox sino a lo que se declara y lo que se interpreta. En ese momento, los detractores de Vicente Fox insistieron en su locura, en que era un imbécil (probablemente sí lo sea, pero eso es arena de otro costal) y que era inconcebible la declaración. Declaración que nunca hizo con la acepción que muchos medios no solo quisieron, sino que obligaron a la mayoría de los mexicanos a aceptar. Finalmente, se cumplió la famosa técnica de Goebbels de la gran mentira. La opinión pública había sido conducida.

El pasado Domingo 24 de Junio, John Oliver, famoso comediante británico naturalizado estadounidense de la cadena televisiva HBO, hizo un reportaje en su semanal programa "Last week with John Oliver" en relación a las elecciones mexicanas. Es conveniente hacer una aclaración respecto al humor y la constante de John Oliver, pues si en algo se ha caracterizado es en ser un constante detractor y opositor a Donald Trump, burlándose de él prácticamente en cada programa que ha hecho desde que Donald Trump tomó posesión como presidente de Estados Unidos.

Varios medios de comunicación mexicanos atrayeron el reportaje, convirtiéndolo en nota. Sin embargo, así como los 15 minutos de Vicente Fox, un medio muy conocido como Milenio, lanza en un encabezado de nota: AMLO es como un Donald Trump mexicano: John Oliver. De la misma forma en que se escoge qué ver del mundo de manera tan reducida, la usuaria de Facebook Sandra Morales se enfrascó en una discusión tras una nota en el que Huffington Post hacía relación al reportaje de John Oliver. La usuaria dice en diferentes momentos de la discusión:

- No destacó a AMLO, de hecho le dijo el Donald Trump mexicano.
- Claro que le dice, he is a Mexican Donald Trump
- Hay que ver el video completo
- Claramente al final del video dice que es el Donald Trump mexicano, que ni sus asesores saben qué va a opinar ese día.
- Yo solo digo que si vas a reseñar algo, lo hagas objetivamente, sin manipular.
- "... el Hufftington Post trata de manipular el artículo, haciendo pensar que de AMLO no se burlan"
- "... no, empieza diciendo que se podría parecer a Bernie Sanders pero que en realidad es como un Trump mexicano, cómo les falta comprensión..."


Por las respuestas de Sandra Morales, podemos concluir que es no es seguidora de AMLO, pero que buscaba insistentemente hacer evidente que John Oliver no se burlaba de AMLO en su reportaje (lo hace de todos los presidenciables mexicanos). Para ello, insiste una y otra vez que John Oliver ha dicho que AMLO es como el Donald Trump mexicano. Y sí lo hace. Pero no concluye ahí.

La traducción al español de lo que John Oliver dice entre el minuto 14:39 y el 15:13 es la siguiente:

"Los objetivos de AMLO pueden ser claros, pero los detalles de cómo planea alcanzarlos son muy vagos. Sus oponentes lo han atacado de ser un “izquierdoso peligroso”, pero los periodistas que lo han cubierto dicen que es “difícil juzgar las cosas que dice basándose en las plataformas de sus políticas, ya que están siempre cambiando, a veces de un día para otro”. Y que a menudo hace “grandes promesas mientras sus propios consejeros se preguntan qué realmente quiso decir”, así que de esta forma, él más bien parece una reminiscencia de un Donald Trump mexicano… lo cual es una rara imagen para contrarrestar… como si fuera un Hitler ortodoxo o un ‘Jack Gandhi’. Los dos conceptos no encajan juntos." Así concluye John Oliver.

"Los dos conceptos no encajan juntos". La conclusión de este segmento es justamente esta. Que no encaja el concepto Mexicano con el concepto Donald Trump. Por eso, John Oliver sostiene con dos imágenes su argumento, imágenes que su equipo produjo: En la primera vemos a Adolf Hitler vestido como judío ortodoxo. En la segunda, vemos a Mahatma Gandhi en un cuerpo atlético, levantándose la camisa y presumiendo los músculos abdominales sin grasa.

Es decir, que la imagen es incongruente. Es decir que para John Oliver, no tiene sentido la imagen de un Donald Trump mexicano.